Hay un debate muy recurrente sobre si la IA va a sustituir a herramientas como Canva o incluso al trabajo de los diseñadores. Creo que el debate está mal planteado. La comparación no debería ser "plantillas contra IA", sino entender qué aporta realmente cada una.

Las plantillas de Canva tienen una gran ventaja: detrás de ellas hay un diseñador que ha tomado cientos de decisiones. Ha elegido una jerarquía visual, una composición, unos márgenes, una tipografía, una paleta de colores y un estilo que funciona. Cuando utilizas una plantilla, en realidad estás aprovechando la experiencia y el criterio de alguien que dedicó tiempo a resolver un problema de diseño. Muchas veces ni siquiera somos conscientes de ello porque lo hemos normalizado.

La IA rompe ese proceso. En lugar de reutilizar una plantilla diseñada por una persona, genera una composición nueva cada vez. Sobre el papel parece una evolución enorme, pero tiene una limitación muy evidente: no tiene gusto, tiene probabilidad. Genera aquello que estadísticamente se parece a lo que ha visto millones de veces. Por eso muchas imágenes generadas por IA transmiten esa sensación de que "todo se parece". Cambian los colores o las fotos, pero el resultado tiene un aire muy similar. Muchas veces parecen los típicos flyers de un restaurante barato o anuncios genéricos que cumplen una función, pero carecen de personalidad.

Eso no significa que la IA sea mala. Al contrario, es una herramienta increíble para acelerar procesos, explorar ideas o crear borradores. El problema aparece cuando pensamos que la herramienta sustituye al criterio. Y no lo hace.

En Estados Unidos empieza a escucharse cada vez más una idea con la que estoy muy de acuerdo: el buen gusto no lo quita nadie. El gusto visual, la sensibilidad, la capacidad de decidir qué sobra, qué falta, qué transmite confianza o qué genera rechazo, no aparecen por escribir un buen prompt. Se entrenan durante años observando, diseñando, equivocándose y desarrollando criterio.

Creo que precisamente por eso el futuro es optimista para quienes trabajen bien. Existe una regla muy curiosa en marketing: cuando todo el mundo hace lo mismo, deja de funcionar. Si todas las empresas utilizan las mismas plantillas o generan creatividades con los mismos modelos de IA, la diferenciación desaparece. Y cuando desaparece la diferenciación, vuelve a tener muchísimo valor quien sabe tomar mejores decisiones creativas.

La IA probablemente democratice el diseño básico y reduzca el tiempo necesario para producir contenido. Pero eso no elimina la necesidad de buenos diseñadores; simplemente eleva el nivel de lo que se considera valioso. Ya no bastará con saber mover elementos en una pantalla. Lo realmente importante será tener criterio, entender la comunicación, construir una identidad reconocible y saber cuándo una pieza funciona y cuándo no.

No es la primera vez que pasa esto

Este patrón ya lo hemos visto antes. Cuando llegó la fotografía, mucha gente pensó que acabaría con la pintura: ¿para qué pintar un retrato si una cámara lo captura en segundos? Pasó justo lo contrario. La pintura se liberó de la obligación de representar la realidad y eso empujó al impresionismo, al expresionismo, a todo un siglo de arte que no habría existido si la fotografía no hubiera absorbido la parte mecánica del oficio. La calculadora no acabó con los matemáticos, los liberó de hacer cuentas a mano para pensar en problemas más interesantes. La IA generativa va por el mismo camino con el diseño: absorbe la parte mecánica —maquetar, componer, iterar variantes— y deja al descubierto quién realmente sabe tomar decisiones y quién solo sabía ejecutar plantillas.

Lo que esto significa en la práctica

En Nebular lo vemos todos los días en contenido y campañas, no solo en diseño gráfico. Un guion, un vídeo corto o una campaña generados con IA sin criterio detrás tienen el mismo problema que un flyer genérico: cumplen, pero no destacan. La ventaja competitiva ya no está en producir más rápido —eso lo va a tener todo el mundo— sino en saber qué merece producirse y cómo debe sentirse. Para un equipo, esto se traduce en algo muy concreto: merece más la pena invertir en formar criterio y ojo que en perseguir la última herramienta. La herramienta se va a poder copiar en semanas. El criterio, no.

Al final, la herramienta importa menos de lo que pensamos. Puedes diseñar con Canva, con Figma, con Photoshop o con IA. Lo que marcará la diferencia seguirá siendo la persona que está tomando las decisiones. Porque las herramientas aceleran la ejecución, pero el buen gusto sigue siendo profundamente humano. Y cuanto más homogéneo sea el contenido que produzcan las máquinas, más valioso será quien sea capaz de crear algo diferente.

Nos leemos.